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Frontera cultural en tensión: mural comunitario en Tijuana responde al plan de EE. UU. para pintar de negro el muro

Arte público como contrapeso simbólico a medidas federales estadounidenses; oportunidad para cooperación binacional en cultura de frontera.
Arte público como contrapeso simbólico a medidas federales estadounidenses; oportunidad para cooperación binacional en cultura de frontera.

Mientras el Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. anunció que pintará de negro el muro fronterizo para “volverlo más caliente e imposible de escalar”, la comunidad artística en Playas de Tijuana intervino 400 m del mismo con “Abrazo Mutuo/Vuelo compartido”, mural del tijuanense Alfredo “Libre” Gutiérrez que muestra un cóndor y un águila real volando juntos.


El gesto —anclado en una profecía indígena sobre la unión del norte y el sur— confronta una política que prioriza la disuasión física y reaviva el debate sobre el costo y eficacia de esa medida.


Para México, la pieza articula identidad y resistencia pacífica: convoca a artistas, estudiantes y comunidad kumiai, y convierte el muro en lienzo de diálogo. Para ciudades fronterizas, abre ruta para festivales, talleres y turismo cultural que humanicen la narrativa migratoria. Desde la perspectiva bilateral, contraponer “pintar de negro” con “pintar en común” ofrece un caso didáctico de cómo el arte incide en la conversación pública sobre migración, seguridad y derechos humanos.


A falta de claridad sobre presupuesto y calendario de pintado por parte del DHS, la intervención tijuanense ya está activa y replicable en otros puntos (Juárez, Mexicali). La lección política-cultural: las decisiones federales de seguridad desencadenan respuestas cívicas que, con respaldo municipal y estatal, pueden tejer redes creativas transfronterizas y amortiguar la polarización.


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