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Fed recorta tasas de interés, beneficiando flujos de capital hacia México y aliviando presiones inflacionarias bilaterales

El corte estimula inversión en bonos mexicanos, reduciendo costos de endeudamiento y apoyando recuperación en sectores vulnerables.
El corte estimula inversión en bonos mexicanos, reduciendo costos de endeudamiento y apoyando recuperación en sectores vulnerables.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) implementó un recorte de 25 puntos base en su tasa de referencia el 17 de septiembre de 2025, llevando el rango objetivo a 4.75%-5%, en respuesta a un mercado laboral que muestra signos de enfriamiento, con el desempleo subiendo al 4.3% y revisiones a la baja de casi un millón de empleos creados en los 12 meses previos a marzo.

 

Esta decisión, ampliamente anticipada por los mercados —que asignaban más del 80% de probabilidades a un corte—, inyecta liquidez al sistema financiero norteamericano y genera un efecto dominó positivo para economías emergentes como la mexicana, al aumentar el apetito por activos de mayor riesgo.

 

Inmediatamente tras el anuncio, el peso mexicano se apreció un 0.5% frente al dólar, cotizando en torno a los 19.20 unidades, mientras que los rendimientos de los Certificados de la Tesorería de la Federación (CETES) a 28 días cayeron al 9.8%, reflejando una mayor confianza inversionista.

 

En el contexto bilateral, México, cuya economía está intrínsecamente ligada a la estadounidense —con el 80% de sus exportaciones dirigidas al norte y remesas que superan los 65 mil millones de dólares anuales—, se beneficia de esta política monetaria expansiva. Datos del Banco de México (Banxico) indican que el recorte de la Fed podría reducir los costos de endeudamiento soberano en hasta 50 puntos base, facilitando la emisión de bonos gubernamentales por un valor estimado de 200 mil millones de pesos en el último trimestre de 2025.

 

Esto no solo alivia presiones inflacionarias —que en México se ubican en el 4.2%, por encima del objetivo del 3%— sino que estimula el nearshoring, atrayendo flujos de capital extranjero que ya suman 15 mil millones de dólares en el sector manufacturero durante el primer semestre, según la Secretaría de Economía. Proyecciones de la Fed para su propia economía anticipan un crecimiento del 2% en 2025 y una inflación del 2.5%, lo que sugiere un entorno de "aterrizaje suave" que podría extenderse al sur de la frontera, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) elevando su estimado para México al 1.08% de expansión este año.

 

Las implicaciones para México son multifacéticas y de alto impacto. Por un lado, el Banco de México, que ya recortó su tasa de referencia a 7.75% en agosto —el nivel más bajo en tres años—, podría seguir el ejemplo con al menos dos reducciones adicionales de 25 puntos antes de fin de año, impulsando el consumo interno en un 1.5% y apoyando sectores vulnerables como la construcción y el comercio minorista, que han visto caídas del 9% y 18% respectivamente en el segundo trimestre, de acuerdo con el INEGI.

 

Analistas de Banorte destacan que esta sincronía monetaria podría elevar la inversión fija bruta en un 3%, mitigando riesgos de recesión en un contexto de amenazas arancelarias del 25% por parte de la administración Trump bajo el T-MEC.

 

Sin embargo, no todo es optimismo: la OCDE advierte de un crecimiento modesto de solo 0.4% para México en 2025, condicionado por cuellos de botella energéticos y volatilidad cambiaria, mientras que flujos globales a mercados emergentes podrían declinar a 71 mil millones de dólares según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF). En este escenario, la Secretaría de Hacienda ha anunciado un paquete de estímulos por 100 mil millones de pesos para pymes, enfocados en digitalización y exportaciones, con énfasis en estados fronterizos como Baja California y Nuevo León, donde el nearshoring ha generado 150 mil empleos.

 

A nivel macro, este recorte refuerza la interdependencia bilateral: Estados Unidos, con un PIB que depende en un 20% del comercio con México, ve aliviada su cadena de suministro al abaratar el financiamiento para relocalizaciones industriales, potencialmente incrementando las exportaciones mexicanas en un 5% anual.

 

Expertos como Jonathan Heath, subgobernador de Banxico, subrayan que "la vigilancia ante volatilidades geopolíticas es clave, ya que un dólar más débil podría revertir ganancias si la Fed pausa en diciembre". Encuestas de la Asociación de Bancos de México revelan que el 65% de las empresas espera expansión crediticia, lo que podría catalizar un rebote en el empleo juvenil, con tasas de desempleo en 3.8%.

 

A largo plazo, esta política podría diversificar las reservas internacionales mexicanas —que superan los 230 mil millones de dólares— hacia bonos verdes, alineándose con metas de transición energética y atrayendo fondos ESG por 5 mil millones de dólares adicionales.

 

No obstante, persisten riesgos: si la inflación estadounidense repunta por aranceles, México podría enfrentar presiones importadas, exigiendo coordinación vía el G20. En resumen, el recorte de la Fed no es solo un alivio técnico; representa una ventana estratégica para que México acelere su recuperación, equilibrando soberanía económica con alianzas transfronterizas en un mundo de incertidumbres crecientes.

 

La presidenta Claudia Sheinbaum, en su conferencia matutina del 18 de septiembre, celebró la medida como "un impulso mutuo para el crecimiento compartido", urgiendo a Banxico a actuar con prudencia. Este episodio subraya cómo las decisiones en Washington moldean el destino financiero en Palacio Nacional, recordándonos la fragilidad y fortaleza de la integración norteamericana.

 

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